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viernes, 1 de julio de 2011

Problemas actuales de la Unión Europea

Problemas actuales de la Unión Europea


Aldo Ferrer

EL MUNDO La integración de Europa fue avanzando desde los 6 países fundadores de la CECA (Comunidad Económica del Carbón y del Acero) y la CEE (Comunidad Económica Europea), en la década de 1950, hasta la UE (Unión Europea), de la actualidad, con 27 miembros.


La UE se someten a las normas comunitarias, que regulan gran parte del proceso económico. La creación de la moneda común en 1999 representó la más profunda de las cesiones de soberanía de los Estados nacionales a la esfera comunitaria.

Pero los miembros conservan considerable autonomía en áreas claves, como la política fiscal. Es posible, entonces, la aparición de desequilibrios “nacionales” en cuestiones críticas como la deuda pública y desvíos de los costos y precios internos respecto de los prevalecientes en el resto de la UE.

A medida que el sistema amplió su espacio geográfico, fue incorporando realidades nacionales muy distintas en los niveles de desarrollo de los países miembros. En las capacidades de sus estructuras productivas, de generar y asimilar el conocimiento, y de sus dirigencias privadas y públicas, de administrar los recursos.

Las asimetrías se reflejan, por ejemplo, en el PBI per cápita y en el saldo del comercio exterior. El país con la economía más grande y avanzada, Alemania, tiene un PBI per cápita cuatro o más veces superior al de los países menos industrializados.

Su superávit comercial es del orden de los 150.000 millones de euros frente a un déficit del resto de los países comunitarios superior a los 200.000 millones de euros. La evolución de la deuda pública y los costos y precios internos de los países revelan también profundas diferencias.

La crisis financiera global agravó los problemas. El salvamento de los bancos y la medidas conexas aumentaron la relación déficit fiscal/PBI de toda la UE de 0,9% en 2007 a 6,4% en 20l0. El aumento fue aún mayor en varios países, ahora considerados vulnerables, como España que, entre los mismos años, pasó de un superávit de 1,9% a un déficit de 9,2%.

Estas circunstancias condicionan la competitividad de cada país dentro de la UE y frente al resto del mundo. Las normas de la UE y, en particular, el euro, que circula en 16 de sus 27 miembros, imponen una disciplina común a realidades muy distintas.

De allí los desequilibrios prevalecientes en varios países y las dificultades para restablecer su estabilidad y crecimiento. En situaciones semejantes, los Estados nacionales realizan el ajuste por dos vías principales: la devaluación de su moneda y la reducción del déficit fiscal.

En casos extremos, pueden apelar a la reestructuración de la deuda soberana, mediante una quita y/o la extensión de los vencimientos y reducción de la tasa de interés. En la UE, los países con problemas adheridos al euro no cuentan con la posibilidad de devaluar. Tampoco de reestructurar la deuda sin conmocionar su membrecía en la UE.

El único instrumento disponible es la reducción del déficit fiscal y la deflación para bajar los costos internos, principalmente los salarios, con algún apoyo de la Unión para pagar la deuda y aliviar el ajuste. En una nota anterior en BAE (16-06-2011) destaqué los límites de esta estrategia.

Paul Krugman ha señalado otra diferencia en la realización del ajuste fiscal en un país federal como los Estados Unidos y en un miembro de la UE, adherido al euro. En los Estados nacionales de territorios extensos, con regiones o provincias de diversos niveles de desarrollo, también existen desequilibrios intrarregionales.

Pero existen, asimismo, coberturas nacionales en los sistemas jubilatorios o de protección social, incluyendo el subsidio de desempleo, que facilitan el ajuste en las jurisdicciones con problemas.

La UE no proporciona esa cobertura a sus países miembros y, por lo tanto, el ajuste abarca incluso prestaciones sociales esenciales. La resolución de las dificultades actuales en la UE tropieza con otro obstáculo de alcance general, referido al comportamiento del sistema financiero y a la subordinación de las políticas públicas a las expectativas de los mercados.

En el debate actual sobre la deuda de Grecia, el Banco Central Europeo privilegia la defensa de sus propias tenencias de deuda soberana de ese país y las de bancos privados europeos, descartando cualquier posibilidad de reestructuración.

Se estima que una quita del orden del 50% en las deudas de Grecia y Portugal provocaría una reducción de más del 60% de los resultados netos de la media de los bancos europeos previstos para este año 2011. Es una situación que guarda semejanzas con el estallido de la crisis de la deuda externa de América Latina, a principios de la década de 1980.

En ese entonces, varios bancos norteamericanos tenían más papeles de esa deuda que patrimonio neto. El apoyo de la UE a los países con problemas está condicionado a la profundidad del ajuste fiscal y, también, a la adopción de reformas “estructurales”, como la privatización de empresas públicas y la flexibilización laboral.

A los latinoamericanos esta estrategia nos trae el recuerdo de las reformas semejantes del Consenso de Washington. Ahora les toca a los europeos. El interrogante que se abre es qué resistencia tiene la actual estrategia para soportar los costos sociales y consecuencias políticas, de tasas de desempleo que, en el conjunto de la UE, se acerca al 10% y, en varios de sus miembros se ubica entre el 15 y 25 por ciento.

A Europa y al mundo les conviene que la UE se consolide y juegue el papel que le corresponde, entre otras cosas, con el formidable aporte de su cultura, en la construcción de un orden mundial pacífico, seguro, con oportunidades para todos.

Para tales fines, la UE confronta tres desafíos principales y concurrentes.Primero, subordinar el sector financiero a la economía real y recuperar la autonomía necesaria de las políticas públicas frente a los criterios de los mercados especulativos.

Éste es también un requisito de la recuperación de la economía mundial. Segundo, profundizar las normas comunitarias abarcando los lineamientos básicos de las políticas fiscales de los países miembros, incluyendo la emisión de deuda en bonos euro comunitarios, para evitar desvíos que concluyen con endeudamientos inmanejables.

Tercero, profundizar la solidaridad aceptando que, como en un Estado nacional, los problemas de sus partes componentes son problemas de todos, y, en particular, que las coberturas sociales tengan respaldo comunitario.

Esto pone a prueba la voluntad política de los países más importantes de la UE, de sus electorados y gobiernos, de asumir semejante empresa de la construcción de Europa y sus costos. Siempre es útil rescatar, de la experiencia ajena, enseñanzas para entender la propia.

Los acontecimientos analizados ratifican, nuevamente, la necesidad de mantener la casa en orden, no caer en el abismo de los mercados especulativos y sostener con firmeza el ejercicio responsable de la soberanía económica, que es la única y mejor respuesta a las oportunidades y riesgos de la globalización.

Respecto del Mercosur, la experiencia europea revela la conveniencia de reglas que compatibilicen el desarrollo nacional de los países miembros con la integración regional, atendiendo a las asimetrías existentes.

BAE

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